" Estaba desolado. Por alguna razón aquella pequeña historia de ese tonto comentario era superior a mis fuerzas. Reviví mentalmente el incidente una y mil veces, como una obra en tres actos. Lo analicé, lo diseccioné, lo descuarticé y volvi a recomponerlo. Reviví mis emociones, la ira y el tremendo dolor por ese comentario. Me sentí muy dolido, pero veia que la memoria y la imaginación estaban multiplicando el dolor repitiendolo todo una y otra vez, haciendome desear que hubiera dicho o hecho eso o lo otro. Es horrible. Te puedes obsecionar con un suceso y perder la medida real de las cosas.
La preocupación, si no se mantiene dentro de unos limites razonables, puede desarrollarse hasta extremos claramente perjudiciales."
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